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lunes, 25 de mayo de 2015
viernes, 13 de noviembre de 2009
No se ha ido del todo

En estos días la Hermana Muerte, como la solía llamar San Francisco de Asís, ha visitado nuestra familia, y como siempre ella lo hace de forma sorpresiva e inesperada. Esta es la vida nuestra, vivir por un tiempo…para unos son años, para otros meses, para otros ni siquiera horas.
En esta oportunidad nuestra hermana la muerta nos visitó arrebatándonos para el cielo, sin oportunidad de despedidas, a nuestra querida Beatriz Fajardo de Acevedo (Madre de mi cuñado Abraham). Pero así es la vida humana. Hoy estamos aquí, pero…y mañana?
Vienen a mi mente aquellas palabras de Jesús cuando dijo: “Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le abriesen su casa. También Uds. estén preparados, porque en el momento que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre” (Lucas 39, 40). Es lo que siempre decimos: ¡hay que estar preparados para la muerte!, pero resulta que es en nuestra muerte en lo menos que pensamos…y es la realidad más segura que tenemos.
El Señor le regaló a Beatriz años prolongados en los cuales ella pudo cumplir su misión en esta tierra. Por gracia de Dios pudo crecer en el seno de una familia en la que se formó y aprendió, junto a sus hermanos, los valores que dan firmeza nuestras vidas y aprendió que existe un Dios que con su tierno Amor nos cuida y nunca nos deja solos. En su juventud conoció al hombre con el que pasaría hasta el fin de sus días; de esta unión nacieron como fruto de ese amor de esposos unos hijos que dan prueba de que el amor conyugal es tan grande que puede hasta dar vida a nuevas personas. Así la familia creció y se multiplicó. Con el correr de los años la vida fue agregando nuevas personas a esta primera célula familiar. Así llegaron los sobrinos, primos, las yernas y los yernos, a su vez fueron apareciendo los nietas y nietos y hasta los bisnietos… y así, ya no se puede parar de contar todos los que estamos unidos a una familia (aunque yo no lleve ni el apellido Acevedo ni Fajardo).
Beatriz siempre, en la mayor parte de su vida se caracterizó por la alegría. Una alegría que entusiasmaba y contagiaba a todos. Al menos así lo viví yo. No podremos recordarla de otra manera que alegre e inventora de travesuras, buscando siempre la manera de andar “bochinchando” como decimos a veces.
Ahora quiero trasmitir estas palabras a todos los que estamos dentro de esta celular familiar y que junto con ella compartimos momentos de alegría, tristeza, malestares, viajes, vacaciones, en fin. No porque se nos fue Beatriz se nos va también todo lo que nos enseñó, sus recuerdos y sus palabras. No, nada de eso, al contrario es una oportunidad que el Señor nos regala para retomar algunas cosas de nuestra vida que debe marchar siempre hacia lo mejor, el Bien, la Felicidad, la Paz…. Todas estas cosas se resumen en un nombre: Dios.
Ciertamente, la muerte es el final de nuestra vida terrenal. Estamos medidos por el factor llamado tiempo, en el curso del cual crecemos, cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida. Esto nos debe llevar a pensar en nuestra mortalidad, que contamos no más que con un tiempo limitado en esta vida y que luego pasaremos a la vida inmortal. Unos para estar con Dios en el cielo y otros para estar apartados de Él (si esta fue la opción que tomamos en esta vida terrena o en este limitado tiempo que tenemos para decidir). Dicen las Sagradas Escrituras haciendo referencia a esta realidad de nuestra condición mortal: “Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, ... mientras no vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio” (Qo 12, 1. 7).
Con Cristo la muerte tiene un sentido positivo. "Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia" dice san Pablo en sus cartas a los Filipenses (1, 21). Y también en otra parte de sus escritos dirá: "Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él" (2 carta a Timoteo 2, 11).
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que:
“La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente "muerto con Cristo", para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona así nuestra incorporación a Él en su acto redentor: Para mí es mejor morir en (eis) Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a El, que ha muerto por nosotros; lo quiero a El, que ha resucitado por nosotros. Mi parto se aproxima ...Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre (San Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2). (Catecismo de la Iglesia Católica nº. 1010).
Con la visita de la hermana muerte el Señor ha llamado a Beatriz hacia Él. Este era el deseo de muchos santos, así como San Pablo: "Deseo partir y estar con Cristo" (Flp 1, 23). La noche de este 11 de Noviembre este deseo ha sido consumado en ella. “Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir”, dijo una vez santa Teresa de Jesús. Beatriz ha dejado de estar con nosotros para estar CON DIOS y eso vale más que cualquier otra cosa. Allá no va necesitar de nada. Ahora solo lo que debemos darle son nuestras oraciones.
También decía santa Teresa del Niño Jesús “Yo no muero, entro en la vida”. Es decir, morir debe significar para nosotros los cristianos algo trágico, nada de esto. El morir es entrar en la verdadera vida, en la vida real, en la vida definitiva…en la VIDA CON DIOS.
“La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”. Son estas palabras parte de lo que rezamos en la Misa por los difuntos. No morimos, nos vamos para estar con Dios. Y para estar definitivamente con Él hay que dejar este cuerpo mortal.
Nos cuesta comprender este misterio de la muerte, a mí el primero en no saber comprenderlo bien. Pero es que si lo comprendiéramos del todo, dejaría de ser misterio. Sin embargo, nuestra confianza debe estar puesta en Dios, y orar. Hoy se nos fue Beatriz, mañana puedo ser yo. Por esto, la Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte.
Existe un libro pequeñito, antiguo, pero con palabras y mensajes muy actuales. Se llama Imitación de Cristo, y lo venden en las librerías católicas. En una de sus páginas nos dice: “Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás apto, ¿cómo lo estarás mañana? (1, 23, 1).
Para mi que estuve compartiendo desde hace muchos años con Beatriz, me hace sentir más comprometido con la oración, primero en acción de gracias por los años en que compartimos y también por su eterno descanso. Y ahora cuanto más Uds. que son sus hijos, nietos, sobrinos…?
La noche en que se nos fue Beatriz, tuve la gracia de llegar minutos después de saber la noticia y delante de su cuerpo elevar la oración de entrega de su alma al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, los cuales estoy seguro ya la han recibido en el Reino de Luz Eterna, donde no hay ya muerte ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado (cfr. Apocalipsis 21, 4).
Yo sé que las palabras en momentos como este pudiesen hasta estorbar, pero la palabra que he querido trasmitir a mi otra familia Acevedo Fajardo, no es mi palabra sino la misma Palabra de Dios, la cual: “es viva… y eficaz, y más cortante que espada de doble filo. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las coyunturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón” (Heb 4, 12).
Beatriz, NO HAS DICHO adiós… nos ha dicho: ¡HASTA LUEGO!
Fray JM (OFM.Conv)
Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor y sufren enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán. Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal de la cual ningún hombre vivo puede escapar. ¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal! Bienaventurados los que encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal. Load y bendecid a mi Señor, y dadle gracias y servidle con gran humildad.
(San Francisco de Asís)
En esta oportunidad nuestra hermana la muerta nos visitó arrebatándonos para el cielo, sin oportunidad de despedidas, a nuestra querida Beatriz Fajardo de Acevedo (Madre de mi cuñado Abraham). Pero así es la vida humana. Hoy estamos aquí, pero…y mañana?
Vienen a mi mente aquellas palabras de Jesús cuando dijo: “Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le abriesen su casa. También Uds. estén preparados, porque en el momento que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre” (Lucas 39, 40). Es lo que siempre decimos: ¡hay que estar preparados para la muerte!, pero resulta que es en nuestra muerte en lo menos que pensamos…y es la realidad más segura que tenemos.
El Señor le regaló a Beatriz años prolongados en los cuales ella pudo cumplir su misión en esta tierra. Por gracia de Dios pudo crecer en el seno de una familia en la que se formó y aprendió, junto a sus hermanos, los valores que dan firmeza nuestras vidas y aprendió que existe un Dios que con su tierno Amor nos cuida y nunca nos deja solos. En su juventud conoció al hombre con el que pasaría hasta el fin de sus días; de esta unión nacieron como fruto de ese amor de esposos unos hijos que dan prueba de que el amor conyugal es tan grande que puede hasta dar vida a nuevas personas. Así la familia creció y se multiplicó. Con el correr de los años la vida fue agregando nuevas personas a esta primera célula familiar. Así llegaron los sobrinos, primos, las yernas y los yernos, a su vez fueron apareciendo los nietas y nietos y hasta los bisnietos… y así, ya no se puede parar de contar todos los que estamos unidos a una familia (aunque yo no lleve ni el apellido Acevedo ni Fajardo).
Beatriz siempre, en la mayor parte de su vida se caracterizó por la alegría. Una alegría que entusiasmaba y contagiaba a todos. Al menos así lo viví yo. No podremos recordarla de otra manera que alegre e inventora de travesuras, buscando siempre la manera de andar “bochinchando” como decimos a veces.
Ahora quiero trasmitir estas palabras a todos los que estamos dentro de esta celular familiar y que junto con ella compartimos momentos de alegría, tristeza, malestares, viajes, vacaciones, en fin. No porque se nos fue Beatriz se nos va también todo lo que nos enseñó, sus recuerdos y sus palabras. No, nada de eso, al contrario es una oportunidad que el Señor nos regala para retomar algunas cosas de nuestra vida que debe marchar siempre hacia lo mejor, el Bien, la Felicidad, la Paz…. Todas estas cosas se resumen en un nombre: Dios.
Ciertamente, la muerte es el final de nuestra vida terrenal. Estamos medidos por el factor llamado tiempo, en el curso del cual crecemos, cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida. Esto nos debe llevar a pensar en nuestra mortalidad, que contamos no más que con un tiempo limitado en esta vida y que luego pasaremos a la vida inmortal. Unos para estar con Dios en el cielo y otros para estar apartados de Él (si esta fue la opción que tomamos en esta vida terrena o en este limitado tiempo que tenemos para decidir). Dicen las Sagradas Escrituras haciendo referencia a esta realidad de nuestra condición mortal: “Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, ... mientras no vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio” (Qo 12, 1. 7).
Con Cristo la muerte tiene un sentido positivo. "Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia" dice san Pablo en sus cartas a los Filipenses (1, 21). Y también en otra parte de sus escritos dirá: "Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él" (2 carta a Timoteo 2, 11).
El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que:
“La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente "muerto con Cristo", para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este "morir con Cristo" y perfecciona así nuestra incorporación a Él en su acto redentor: Para mí es mejor morir en (eis) Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a El, que ha muerto por nosotros; lo quiero a El, que ha resucitado por nosotros. Mi parto se aproxima ...Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre (San Ignacio de Antioquía, Rom. 6, 1-2). (Catecismo de la Iglesia Católica nº. 1010).
Con la visita de la hermana muerte el Señor ha llamado a Beatriz hacia Él. Este era el deseo de muchos santos, así como San Pablo: "Deseo partir y estar con Cristo" (Flp 1, 23). La noche de este 11 de Noviembre este deseo ha sido consumado en ella. “Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir”, dijo una vez santa Teresa de Jesús. Beatriz ha dejado de estar con nosotros para estar CON DIOS y eso vale más que cualquier otra cosa. Allá no va necesitar de nada. Ahora solo lo que debemos darle son nuestras oraciones.
También decía santa Teresa del Niño Jesús “Yo no muero, entro en la vida”. Es decir, morir debe significar para nosotros los cristianos algo trágico, nada de esto. El morir es entrar en la verdadera vida, en la vida real, en la vida definitiva…en la VIDA CON DIOS.
“La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”. Son estas palabras parte de lo que rezamos en la Misa por los difuntos. No morimos, nos vamos para estar con Dios. Y para estar definitivamente con Él hay que dejar este cuerpo mortal.
Nos cuesta comprender este misterio de la muerte, a mí el primero en no saber comprenderlo bien. Pero es que si lo comprendiéramos del todo, dejaría de ser misterio. Sin embargo, nuestra confianza debe estar puesta en Dios, y orar. Hoy se nos fue Beatriz, mañana puedo ser yo. Por esto, la Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte.
Existe un libro pequeñito, antiguo, pero con palabras y mensajes muy actuales. Se llama Imitación de Cristo, y lo venden en las librerías católicas. En una de sus páginas nos dice: “Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás apto, ¿cómo lo estarás mañana? (1, 23, 1).
Para mi que estuve compartiendo desde hace muchos años con Beatriz, me hace sentir más comprometido con la oración, primero en acción de gracias por los años en que compartimos y también por su eterno descanso. Y ahora cuanto más Uds. que son sus hijos, nietos, sobrinos…?
La noche en que se nos fue Beatriz, tuve la gracia de llegar minutos después de saber la noticia y delante de su cuerpo elevar la oración de entrega de su alma al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, los cuales estoy seguro ya la han recibido en el Reino de Luz Eterna, donde no hay ya muerte ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado (cfr. Apocalipsis 21, 4).
Yo sé que las palabras en momentos como este pudiesen hasta estorbar, pero la palabra que he querido trasmitir a mi otra familia Acevedo Fajardo, no es mi palabra sino la misma Palabra de Dios, la cual: “es viva… y eficaz, y más cortante que espada de doble filo. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las coyunturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón” (Heb 4, 12).
Beatriz, NO HAS DICHO adiós… nos ha dicho: ¡HASTA LUEGO!
Fray JM (OFM.Conv)
Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor y sufren enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán. Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal de la cual ningún hombre vivo puede escapar. ¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal! Bienaventurados los que encontrará en tu santísima voluntad, pues la muerte segunda no les hará mal. Load y bendecid a mi Señor, y dadle gracias y servidle con gran humildad.
(San Francisco de Asís)
miércoles, 21 de octubre de 2009
Descubrimientos en la Imagen de Nuestra Señora de Coromoto

Los restauradores Pablo Enrique González y Nancy Jiménez estuvieron a la cabeza de un equipo de trabajo compuesto por 14 expertos. La supervisión fue realizada por José Luis Matheus, director de la Fundación Zuliana.
Durante los trabajos se presentó este fenómeno: El agua empleada salía sin bacterias y con un PH neutro, algo inexplicable. La imagen, de acuerdo con Matheus, sigue siendo consistente y nítida: "La tinta se encuentra por encima del algodón prensado y de textura rugosa”.
.
En esta restauración, bajo el microscopio, fue posible identificar a los ojos de la Virgen. Miden alrededor de 0,2 milímetros (dos micras), y se puede distinguir el diseño del iris. Esto sorprendió a los expertos, porque pensaban que sus ojos eran meros puntos. Por otra parte, el estudio del ojo izquierdo a través de un microscopio pudo definir que era un ojo con características humanas. Allí, los expertos observaron claramente la cuenca del ojo, el conducto lagrimal, el iris y un pequeño punto de luz sobre ella.
Pero la sorpresa estaba comenzando: Al Maximizar el punto de luz, los expertos detectaron una figura humana que es muy similar a la de un nativo.
En estos aspectos la imagen de Nuestra Señora de Coromoto se asemeja a la de Nuestra Señora de Guadalupe.
Cabe señalar que la imagen de la Virgen está hecha sobre un tipo de madera y tela de algodón que humanamente no se entiende que se mantengan intactos después de más de tres siglos y medio de exposición.
La Virgen de Coromoto es una diminuta reliquia que mide 27 milímetros de alto por 22 de ancho, en ella la Virgen aparece pintada de medio cuerpo, está sentada y sostiene al Niño Jesús en su regazo. Su apariencia es de ser dibujada con una fina pluma, trazada como un retrato en tinta china a base de rayas y puntos.
La Virgen y el Niño miran de frente; erguidas sus cabezas coronadas. Dos columnas unidas entre sí por un arco forman el respaldo del trono que los sostiene. La Virgen cubre sus hombros con un manto carmesí con oscuros reflejos morados. Un blanco velo cae simétricamente sobre sus cabellos cubriéndolos devotamente. La túnica de la Virgen es de color pajizo y la del niño es blanca como su velo.
La imagen se muestra a la veneración de los fieles protegida dentro en una riquísima custodia. El 7 de octubre de 1944, a petición de los obispos de la nación, Pío XII la declaró, "Patrona de la República de Venezuela" y su coronación canónica se celebró al cumplirse los tres siglos de la aparición, el 11 de septiembre de 1952.
Durante los trabajos se presentó este fenómeno: El agua empleada salía sin bacterias y con un PH neutro, algo inexplicable. La imagen, de acuerdo con Matheus, sigue siendo consistente y nítida: "La tinta se encuentra por encima del algodón prensado y de textura rugosa”.
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En esta restauración, bajo el microscopio, fue posible identificar a los ojos de la Virgen. Miden alrededor de 0,2 milímetros (dos micras), y se puede distinguir el diseño del iris. Esto sorprendió a los expertos, porque pensaban que sus ojos eran meros puntos. Por otra parte, el estudio del ojo izquierdo a través de un microscopio pudo definir que era un ojo con características humanas. Allí, los expertos observaron claramente la cuenca del ojo, el conducto lagrimal, el iris y un pequeño punto de luz sobre ella.
Pero la sorpresa estaba comenzando: Al Maximizar el punto de luz, los expertos detectaron una figura humana que es muy similar a la de un nativo.
En estos aspectos la imagen de Nuestra Señora de Coromoto se asemeja a la de Nuestra Señora de Guadalupe.
Cabe señalar que la imagen de la Virgen está hecha sobre un tipo de madera y tela de algodón que humanamente no se entiende que se mantengan intactos después de más de tres siglos y medio de exposición.
La Virgen de Coromoto es una diminuta reliquia que mide 27 milímetros de alto por 22 de ancho, en ella la Virgen aparece pintada de medio cuerpo, está sentada y sostiene al Niño Jesús en su regazo. Su apariencia es de ser dibujada con una fina pluma, trazada como un retrato en tinta china a base de rayas y puntos.
La Virgen y el Niño miran de frente; erguidas sus cabezas coronadas. Dos columnas unidas entre sí por un arco forman el respaldo del trono que los sostiene. La Virgen cubre sus hombros con un manto carmesí con oscuros reflejos morados. Un blanco velo cae simétricamente sobre sus cabellos cubriéndolos devotamente. La túnica de la Virgen es de color pajizo y la del niño es blanca como su velo.
La imagen se muestra a la veneración de los fieles protegida dentro en una riquísima custodia. El 7 de octubre de 1944, a petición de los obispos de la nación, Pío XII la declaró, "Patrona de la República de Venezuela" y su coronación canónica se celebró al cumplirse los tres siglos de la aparición, el 11 de septiembre de 1952.
lunes, 27 de julio de 2009
De nuevo a comenzar...

Hola a tod@s. Después de tanto tiempo, casi un año, vuelvo a dedicarme un poco a mi blog, al cual tenía abandonado para todos mis amigos y hermanos.
Voy a dedicarme a meter algunas fotitos de lo que durante este año el Señor me fue dando.
Poco a poco iré tratando de actualizarlo, así que ahí vamos...
martes, 7 de octubre de 2008
CRISTO ALTOPANA
A mediados del mes de Agosto, Jóvenes de las parroquias de nuestra Diocesis de San Cristobal se han congragado en la Casa de retiro La Gonzalera, de las Misioneras del Verbum Dei, en un lugar cercano al pueblo de rubio.
Fueron días de fuerte trabajo en que los jóvenes fueron descubriendo que Cristo, nuestro Señor, es amigo, es pana...y un ALTOPANA!!!
El campamento fue organizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Juvenil. Contamos con la asistencia de casi 100 jóvenes; más nosotros del equipo, conformamos un grupo de 120 personas aprox. La temática desarrollada buscó brindar al joven un conocimiento no sólo teórico de lo que significa ser Iglesia, ser comunidad, sino que esto también estuvo acompañado de experiencias de pastoral en la calle, en el ancianato y el hospital. Fue un descubrir el rostro de Cristo en las distintas realidades sociales.
Todo el ámbiente del campamento fue con la temática de San Pablo. Tanto así que los cuadernos no se llamaban así, sino PAPIROS; los lapices...plumas; el salón de reuniones...areópago, y así otras cosas más.
Los jóvenes sintieron que si se puede dar más a la Iglesia que tanto necesita de la juventud y la alegría que esta trasmite.
Dios bendiga todas las cosas que hemos vivido por su gracia y su benevolencia, y haga que estos jóves sigan fieles y constante en la amistad con Cristo, ALTOPANA.
Paz y Bien.
MI QUERIDA GRAN SABANA



Por la gracia de Dios Altísimo hemos podido pasar unos días sumamente especiales en medio de una tierra y unos paisajes que nos gritan a toda voz: LOAD Y BENDECID A MI SEÑOR.
En nuestros días de vacaciones, en medio de apuros y LARGAS horas de viaje, hemos podido disfrutar de la hermosa naturaleza venezolana escondida en aquellas lejanas tierras llenas de hermosura y misterios. Expresión de la grandeza de un Padre Bueno, creador de cielo y tierra y todo cuanto contienen.
Pienso que si San Francisco de Asís hubiese vivido allá, no habría compuesto un Cántito del Hermano Sol, SINO unos cinco o cien Cánticos del Hermano Sol porque la contemplación de esta hermosa naturaleza sólo nos conduce el pensamiento al Señor Dios autor de maravillas.
La gente...ni hablar; una riqueza humana que sólo tenemos aquí en nuestra querida Venezuela.
Pues nada...aqui están las fotos. Disfrútalas.
LOADO SEAS MI SEÑOR CON TODAS TUS CREATURAS...
PAZ Y BIEN!!!
lunes, 6 de octubre de 2008
MI DIOS Y MI TODO. JUCONFRA 2008
Con el lema: Mi Dios y mi Todo, se ha realizado la 5ta JUCONFRA. La cita para la realización de este magno evento se dió este año en las instalaciones del hermoso Seminario Misionero Franciscano "San José de Cupertino", en Pamira Edo. Táchira-Vzla. Con la participación de más de 150 jovenes del territorio nacional, las actividades se desarrollaron muy alegremente en medio de un ambiente muy franciscano y sobre todo BIEN FRESCO y agradable. NADA DE CALOR LLANERO jejeje.
Ojalá que la siembra de este juconfra pronto comience a dar abundantes frutos en medio de estos queridos jovenes.
PA'LANTE
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